Del trabajo y la vida contemplativa (II)

“Ten cuidado con la esterilidad de una vida ocupada.” Sócrates 

Y ahora que estás jubilado ¿Qué vas hacer? 

Eso preguntan los amigos con rostros sonrientes. 

Nada, es mi respuesta. No haré nada. 

Toda la vida soñando con no hacer nada y ahora graduado con una pensión para pobres, las interrogaciones de los amigos son tiros de salva que asustan. Es la alienante costumbre de producir por producir, algo les pasa, alguien les metió en el alma como un aguijón invisible el sin sentido de producir solo dinero. ¿Qué tienen contra la improductividad, contra la contemplación de la vida, esa conducta filosófica y aristotélica de dejar pasar el tiempo como el agua del río bajar por la pendiente, alejándose irremediable sin prisa de nosotros? Esa de sentarse a ver las nubes, no a observarlas para no pensar. Esa de dormir hasta las ocho de la mañana, o la de sentir la respiración del cuerpo, rompiendo el silencio, aunque para algunos esa gota de la naturaleza no exista. Bueno, pero el indomable corazón si existe, tiene su música. 

¿Quién no ha soñado con pasarse la vida sin hacer nada?  

Para mí es el regreso a la utópica adolescencia, al mítico paraíso, al adánico, cero responsabilidades o contar con miles de irresponsabilidades como no quieren algunos patriarcas adultos. Ir ahora por ahí sin la esclavitud del reloj y sentarme en el parque de la plaza a contemplar la vida, cero culpas, a mirar su fluir inagotable, infinito, o irme al centro comercial de la ciudad a contemplar las vitrinas, la marcha incontenible y veloz de la gente. Y cerciorarme que el gentío es una masa humana, abstracta, compulsa, una obra oscura del arte de los tiempos del consumo.  

¿Cómo vas a matar el tiempo?, repiten. 

¿Alguien, me pregunto, ha matado el tiempo alguna vez? Y pensé: ¿El tiempo tiene cuerpo? ¿Es el reloj su cuerpo? ¿O es simplemente una ligera pregunta sin respuesta? 

Aclarado este crimen metafísico, pienso en los libros, los artefactos vivos que nos ayudan a sobrevivir en medio de las crisis y la angustia de las horas terribles de los mediodías, sin tocarlas ni pensarlas, ni sentirlas, solo abandonarse en las hojas y los pensamientos de los textos para que nos lleven a alguna parte siempre ignorada por nosotros. Leer es ensimismarse, asombrarse, inspirarse, perderse dentro de uno mismo, como un viaje interior especial. En las horas de las lecturas nadie piensa en la respiración del reloj, porque leer es un dejarse ir al espacio sideral de las letras sin tiempo. En contrario no es leer. 

Ahora puedes trabajar donde te dé la gana, le oigo a otro. 

De manera que leer o escribir no es considerado una acción productiva. De verdad que la categoría trabajo es enajenante si se piensa en la relación trabajo- dinero. “Trabaje, le dicen a uno, aunque le duela, porque hay que buscar el pan para sobrevivir.” Esta frase nos resuena en los oídos y ha terminado formando parte del entorno laboral y de la vida del individuo.  

Lo que sé es que la cultura capitalista del trabajo necesita de la mano de obra contra todas las necesidades humanas. Cero libros. 

“Yo creo, dice, Roger Bartra, un pensador de habla hispana, junto con algunos economistas, que es necesario impulsar una nueva forma de libertad: la libertad de no trabajar o de decidir libremente el tipo de trabajo que se desea. Se trata de poner en duda el carácter sagrado del trabajo…”

Y del placer ¿qué? 

Regresar al tiempo adolescente es regresar al placer del ocio y no al concepto pragmático de las alcaldías, tiempo fracturado, esquilmado por la política a los pelaos. No solo odian el ocio, que ha sido extraviado, focalizado en la recreación y el deporte, odian también la contemplación, que le crea sentimientos de culpa al individuo varado. Pues bien, ahora no podrán inocularme la inutilidad por mi vida contemplativa. Sí, lo sé, aparentemente quedé vacío, muerto de angustia improductiva. Pero aquí es donde le creo a Augusto Roa Bastos: “Cuando ya nada se puede hacer se escribe,” o como dice su prologuista, Carlos Pujol en “Metaforismos”: “Cuando no estamos seguros de existir, la escritura nos confirma que existimos.” 

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