Eugenio Mandrini

El sueño eterno

   Aquel silencio que se escapó de los ruidos fue acercándose en puntas de pie a un hombre que dormía desnudo y, silenciosamente, empezó a abrigarlo para que durmiera mejor.

Criaturas de los bosques de papel (Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1987)

Alguna vez los sueños sueños son

   Soñó que alguien desenterraba un tesoro, en el mismo momento en que su esposa hacía desenterrar sus huesos de la tierra y los guardaba cuidadosamente en una urna.

Criaturas de los bosques de papel

La sal del hogar

   Vio la sirena en la playa, semiasfixiada por falta de agua, y la llevó a su casa, llenó la bañera, la introdujo suavemente y le hizo compañía.

A su mujer no le pareció extraño verlo ahogado: había sido tan adicto a los baños de inmersión, y estos eran tan traicioneros, que tarde o temprano tenía que suceder.

   Lo extraño era ese profundo aroma a mar que inundaba la casa.

Criaturas de los bosques de papel

Pájaro de luna

   La vez que el barrilete se le fue de las manos y se alejó en el cielo hasta desaparecer, mi hijo preguntó adónde habrá ido. Le dije que ciertos pájaros de papel, como ese, suelen hacer nido en la luna y cubrirla como una nube. No me creyó. Esa misma noche, como un milagro, hubo un eclipse lunar, y mi hijo me abrazó, me besó y fui Dios para él. A tal extremo lo fui que, por un momento, y no exagero, sentí el poderoso clamor de los rezos del mundo sobre mí. 

Las otras criaturas (Menoscuarto Ediciones, Palencia, España, 2013)

Prueba de vuelo

   Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.

Las otras criaturas

Monólogo del fantasma

   Mi amigo y yo, que algo sabemos de bosques y distancias, nunca nos ponemos de acuerdo sobre ese pájaro. Ese, ese mismo que ahora salta de la rama de un árbol y en vez de volar permanece inmóvil en el aire, como si fuera la escultura de un pájaro, que es. Él, mi amigo, dice que ese pájaro es un artista, y que solo los pájaros artistas se posan en el aire. Yo no. Yo le digo que es un simulador, y que cualquiera, aun los cuervos que solo saben ver carroña, se daría cuenta de que ese pájaro no está parado en el aire, sino sobre el hombro de un fantasma.

   Pero nunca nos ponemos de acuerdo. Así es que después de una breve discusión, mi amigo se va volando hacia el norte, y yo volando hacia el sur. 

Las otras criaturas

Tango del lobo

   Primero, faltó a la cita la niña de la caperuza roja.

   Después, un eclipse oscureció la luna y debió morderse el aullido.

   Por último, la manada lo declaró nada feroz, por esas gotas de soledad que le apagaban los ojos, y fue desalojado del bosque. 

   Hoy lame zapatos en la ciudad y en invierno busca el abrigo del sol como una abuela. 

Las otras criaturas

Publicadas por Ekuóreo, revista de minicuentos 

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