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LUCIFER EN LA TIERRA

(Está en contra de la sentencia de muerte a los humanos)

Luego de inducir al pecado a Eva y a Adán, y de ser enjuiciado por revoltoso, envidioso, desleal, soberbio y, sobre todo, vanidoso, Lucifer sale disparado del Paraíso, huyendo de la ira y la justicia divinas.

Dicen en las alturas que lo envanecieron sus subalternos, ángeles aduladores que lo consideraban el más bello y el más inteligente de los arcángeles, y comenzaron a llamarlo unas veces Luzbel, y otras Lucero del alba y del amanecer.

Ahora, refugiado en la Tierra como está, lleno de odio, de rencor, de malas intenciones, se dedica a escribirles cartas a los ángeles que lo admiraban, que quizás lo sigan admirando a causa de su perturbadora belleza.

La inquietud que en el lector humano suscitan estas cartas debe inquietar de igual manera a sus destinatarios celestiales; en ellas se refiere a algunos acontecimientos tan repugnantes como el lenguaje que emplea para contarlos.

Aquí, en la cordillera de Los Andes -escribe Lucifer-, me pregunto: ¿Cómo es posible que Jesús, el hijo de Dios, que vivió 33 años en la Tierra, no haya podido saber que este continente que llaman América estaba habitado por seres humanos? ¿Por qué no vino a cristianizarlos? ¿Por qué permitió que fueran los españoles quienes vinieran a descubrirlos y a matarlos en nombre de su doctrina? Bueno…eso lo sabrá el Señor…” él sabe cómo hace sus cosas”, dicen acá sus fieles. 

 Pero presten atención, celestiales: el niño nace ciego, cuando empieza a caminar se rompe la frente con las paredes y con los muebles de la casa, una mañana se saca un ojo con un clavo…y Jehová, el Señor, que todo lo ve, que no cierra el ojo, permanece de brazos cruzados, sin mover un dedo para aplacar tan terrible desgracia. ¿Por qué, siendo Todopoderoso y Misericordioso no le pone la vista a esa pobre criatura, que crecerá, madurará, envejecerá y morirá sin conocer el azul de las aguas del mar ni los colores de los campos floridos ni el brillo de las estrellas? ¿Es que no conoce la compasión, esa virtud que con tanto amor les inculcó su hijo a los humanos?… Observen: la niña, aún sin uso de razón, se enternece al ver un conejo blanco saltando sobre los arbustos, pero se horroriza, da un grito de espanto cuando aparece un tigre que despedaza el animalito a dentelladas y se lo come vivo. El mismo horror la sobrecoge cuando ve que su papi degüella las ovejas y las gallinas que crecían en el patio para comérselas sancochadas. Da pena descubrir que el Padre Celestial también pide que le sacrifiquen corderos ¡cómo les parece!

Es espantoso haber creado un mundo en el que, para sobrevivir, los animales tienen que comerse los unos a los otros

 Creo que es por esta falta de compasión por lo que alemanes, ingleses y franceses se han estado alejando de Dios; ya no se hacen la señal de la cruz cuando meten un gol en el juego de fútbol, como sí lo siguen haciendo africanos y latinoamericanos.

 Aquí, en la Tierra, los humanos viven en guerra permanente. Para evitar que se siguieran matando, Jesús, el Redentor, dijo en arameo las palabras más hermosas que han escuchado los oídos humanos: “amaos los unos a los otros”. Esta sagrada sentencia la invocan los sacerdotes en la mañana y en la tarde de todos los días, en todas las iglesias del mundo, durante la celebración de la Eucaristía; lo hacen en el momento en que, con sus oraciones, convierten el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de cristo.

Lo extraño es que los herederos del Pecado Original, tan pronto salen de los templos olvidan las divinas palabras, siguen quitándose unos a otros la vida, actuando de espaldas al cristianismo, no amándose sino odiándose cada día más.

El Santo Padre de la iglesia católica consagró recientemente a Ucrania a la virgen María, para detener las atrocidades que los rusos están cometiendo en esa nación, pero el Señor Dios de los Ejércitos, capaz de dividir las aguas del mar para aniquilar a los enemigos de su pueblo, no ha movilizado en esta ocasión sus tropas; no parece escuchar las oraciones del representante de San Pedro en la Tierra.

Se matan entre sí los humanos, seguirán matándose por los siglos de los siglos, creo yo acá, en estas lindísimas cordilleras de los Andes, porque, aun cuando quizás no tengan plena conciencia de ello, no toleran el material en que fueron moldeados. Lo que talvez los mantiene encolerizados, matándose, es   haber sido hechos de barro, uno de los materiales más asquerosos de la naturaleza, y de huesos de costilla que se hacen polvo.

Hechos de barro como están, es explicable que los humanos se reproduzcan por medio de unos órganos tan asquerosos, tan hediondos, que tienen que llevarlos bien tapados. Es vergonzoso ver que las mujeres dan a luz a sus hijos de la misma manera que lo hacen las perras, las vacas, las yeguas…amamantan a sus críos como lo hacen todos los mamíferos.  Nada tan grotesco y a la vez tan sublime como nacer, aunque esto sea sólo posible después de ser engendrado mediante el indecente coito. Afortunadamente  Jesús no permitió que su madre fuera penetrada ni que padeciera los dolores del parto ni que se manchara de sangre al parir.     

 Lo que me hace reír a carcajadas y a la vez me causa repugnancia es ver a los pobres humanos agachándose todas las mañanas para deshacerse del peso de sus tripas. Repugna verlos limpiándose el trasero hasta dos veces al día. Esto me parece planeado por una divinidad subalterna como para humillarlos, como para reírse de ellos. ¿Por qué el Señor no los hizo como a nosotros, que no necesitamos ir al retrete?

 Me divierten algunas damas y caballeros distinguidos, de alto coturno, que invierten en perfumes costosos, usan ropas de marca y se visten de acuerdo con los últimos desfiles de modas como para hacerles creer a los de clase baja que ellos son distintos, que no expelen gases ni van al inodoro. La verdad es que aún bailando en perfumadas fiestas palaciegas no dejan de disparar sonoros y hediondos gases.

El miserable consuelo de los que nada tienen, de los que fallecen de hambre, es saber que los que acumulan riquezas como para vivir mil años también se mueren. Algunos de estos ricachones, aparentemente muy afortunados, se van de este mundo mucho antes que los miserables. Dicen los humanos que lo único realmente democrático que tienen es la muerte

Aquí debo decirles, divinidades celestiales de grata recordación, que Jesús hizo muy mal en hacerles creer a los humanos que después de muertos, después de que se los coma el gusano, van a resucitar.

 Con frecuencia me pregunto: ¿Por qué el Padre Celestial no da por cumplida, por terminada, la sentencia de muerte que les impuso a Adán a Eva y a sus descendientes a causa del Pecado Original? Aquí todos se mueren. Ya es casi infinita la cantidad de humanos muertos a causa de esta aterradora sentencia. ¿Por qué tienen que seguir muriendo? Nuestro Padre debería darle término a tan terrible castigo, para que las nuevas generaciones de seres humanos sean inmortales como nosotros, los ángeles y los arcángeles.

Camilo Cienfuegos       

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