Historias de otras vidas

Oscuridad

Un día del almanaque de mayo del 2020 apareció de repente una mujer muy joven y hermosa en mi vida. Decía llamarse April y casada. Dijo que buscó el número de mi celular como una loca en las redes sociales para poder citarme. Fue precisa en el horario y en el lugar. Aquel día, el único día que la vi personalmente, me dijo que me seleccionó por ser escritor. Agregó otra mentira más, que me admiraba. Y luego, respiró profundo, me miró a los ojos y soltó su voz de adolescente buena: me gustaría tener una relación amorosa muy seria contigo. Después de aquella extraña cita pasaron varios días largos sin tener contacto con ella. Cualquier día lunes del mes de junio y siguientes me enviaba por WhatsApp varias fotografías modelo de su desnudez. En varias poses. Me calentaba de manera increíble. Mi relación con ese fantasma del otro lado de la línea del WhatsApp duró días imperfectos. Cualquier día e inesperadamente me enviaba una fotografía erótica y amenazaba con un encuentro, que nunca se realizaba. Te quiero caliente para mí, decía. Y remataba, prepárate para vernos esta semana. Yo estaba hipnotizado, o embrujado con su cuerpo. Un domingo de septiembre la vi en un centro comercial de la ciudad. Me miró como miran los fantasmas y logré pasar sobre ella sin decirle media palabra. April es uno de esos fantasmas eróticos que a veces nos atormentan el alma para su propia diversión.

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